dissabte, 10 de desembre del 2011

EL MITO DE ENDIMIÓN

Según la mitología griega Endimión era un bello pastor que enamoró a la divina Selene, la diosa de la luna. Ella solicitó a Zeus la vida eterna para su amado y éste le concedió el sueño eterno. Así ella lo pudo visitar todas las noches en su tumba en el estadio de Olimpia, fruto de cuya relación nacieron cerca de 50 hijas.

El mito erótico del joven desnudo, pasivo y objeto del deseo fue aprovechado por el mundo del arte para representar el cuerpo masculino. Representación de una masculinidad con todos sus matices, incluso el de la transexualidad.

La mas célebre representación es "El sueño de Endimión" de Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson, (1767-1824). Aqui  el pastor aparece con todos los atributos al aire, en una postura que hasta entonces sólo se había permitido pintar a las mujeres. Sin duda se podría hablar de posición feminizada, la presentación indolente, el tratamiento sensual, sirven para caracterizar la forma masculina con un carácter intensamente erótico. En este caso la pintura va mas allá del mito de Endimión, sin duda sorprende la ausencia de la figura de Selene y la presencia de Cupido. Algunos críticos han visto en este cuadro un sueño transexual, o, simplemente, su representación gráfica.




 Con el tiempo Cupido se transforma en Selene y ésta en la casta Diana, representada ésta de la misma manera que la Inmaculada Concepción de María con el símbolo lunar, pero la figura del durmiente se mantiene  dormido, desnudo y sensual:

Pietro Loberi 1660
1645
Jerome Martin
Gerard de Lairesse

Arthur Wardle

J.F. Watts






Guy Brenet

Nicolai Konstantinovich Kalmakov



Rubens


Pierre Subleyras

Sebastiano Ricci¡¡¡
El barroco trasnformó a Selene en la imagen de todas las virtudes virginales, aunque en algunas ocasiones algún infeliz pastorcillo....






2 comentaris:

  1. Qué manía con colocar siempre un trapo justo allí donde reside la máxima expresión de la belleza masculina!!!!!!!!!!

    bss

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  2. Lo que siempre me ha llamado la atención en todas las representaciones que se han hecho de este episodio mitológico es el exceso de blandura, una suavidad excesiva.

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